Manuel Olveira nació en Xuño, aldea del municipio de Porto do Son, donde regresa regularmente para cuidar a sus padres, aunque vive lejos debido a su trabajo en el mundo del arte contemporáneo. Invitado por Antje Schiffers, artista con quien ya había trabajado dos veces, para realizar un proyecto en la España rural, él propuso producirlo en Porto do Son porque el mar suele olvidarse cuando se habla del campo y también porque la idiosincrasia del trabajo y la cultura ribereña representa una aportación específica al espectro de las realidades rurales en Europa.

De su mano conocimos la ría de Muros-Noia, Porto do Son, Portosín, Corme o A Coruña, donde pudimos apreciar el trabajo de los pescadores de bajura, las mariscadoras, las percebeiras, las rederas o las que venden pescado, y buena parte de la cultura popular que crece ligada a esa realidad física y productiva donde confluyen mar y tierra. Nos puso en contacto con instituciones como el ayuntamiento, la lonja, el puerto, la cofradía, el museo Marea de Porto do Son o la Fundación Luis Seoane de A Coruña, y también con vecinas, vecinos, trabajadores, agentes culturales y grupos como Anduriña, dirigido por Vicente Colomer, o Suevia, bajo la batuta de PePe Romero. Con ellas y ellos y con el mosaico de información e ideas aportadas por Olveira, Antje Schiffers, Katalin Erdödi y Tono Mejuto elaboran una propuesta para este particular lugar que Olveira presenta a través del siguiente texto en el que ficcionaliza un viaje y una conversación sobre diferentes aspectos geográficos , históricos, antropológicos y culturales:

LUGAR DONDE EL MAÍZ LLEGA AL MAR

Es por la mañana. La luz tenue se inclina desde la suave sierra a contraluz. Barbanza1Denominación de la sierra que también da nombre a la comarca donde se encuentra el municipio de Porto do Son en la provincia gallega de la Coruña. resbala hacia el mar. De él llegará luz horizontal al anochecer, iluminando los riscos cárdenos de la sierra llena de vegetación. En primavera es amarilla por la retama, en otoño es violeta por el brezo2Intraducible en su doble sentido. Uno de los nombres del brezo en gallego es “queiruga”, que a su vez da nombre a una de las aldeas de Porto do Son por su proliferación en el monte de la localidad.acas bravacas brav. Ahora, en junio3También intraducible su duplicidad. Xuño en gallego es el mes de Junio, pero también el topónimo de una aldea de Porto do Son. Las aldeas son muy características de Galicia por su poblamiento disperso en pequeñas unidades que se extienden por el territorio., el monte Iroite está verde por los tojos, los robles, las silvas y los pinos que crecen en las laderas donde pastan caballos y vacas bravas.

Bajamos cruzando un agro. Las pequeñas fincas4La tierra en Galicia es muy fértil por lo que los campos de labranza son reducidos y están en manos de pequeños propietarios que poseen minúsculos trozos de tierra (minifundios) especializados en cultivos concretos. se adaptan al terreno y se curvan hacia el mar, que espejea allí muy cerca. María exclama „lugar donde el maíz llega al mar“. La humedad acompaña la suavidad de la tierra y el clima y por eso el maíz crece cerca de la playa. “Ahí está la cultura ribereña5Galicia es la comunidad autónoma española con más kilómetros de costa –unos 1629- que, además, es muy articulada constituyendo una sucesión de rías que penetran de 20 a 35 kilómetros en la desembocadura de los ríos creando un ecosistema marino muy rico fusionado con la tierra de las riberas.”, dice Sofía. La tierra y la arena se trabajan con la misma azada, en el mar se pesca con redes que llevan boyas de corcho de los alcornoques de Baroña6Una de las aldeas de Porto do Son, conocida localmente por la explotación de sus montes comunales.. Hay familias de pescadores y agricultores, pero todas tienen huertas y pequeños campos de labranza y pescan y mariscan cuando es el tiempo de hacerlo7La pesca de cada tipo de pez es tan estacional como cosechar cualquier vegetal.. “Así cobra sentido la subsistencia8La economía tradicional gallega era de pequeña escala, pudiendo llegar a ser pobre cuando la cosecha escasea o aumenta la población, lo cual explica la emigración secular. en la ribera”, dice Xabier.

Aquí todo viene del mar y se va por él, como bien saben los emigrantes. “El maíz y la patata llegaron del otro lado del Atlántico allá por el 1.600 para alimentar esta tierra”, dice Rogelio. “Aquí crece todo, desde camelias de China y Japón hasta eucaliptos9Fomentada su plantación para la industria papelera, el eucalipto es rentable a muy corto plazo por su crecimiento rápido pero muy nocivo; lo cual contrasta con la camelia que no daña la tierra y crece con lentitud. de Australia -bromea Manoel- y todo viene de muy lejos”. El minifundio mezclado de pescadores y agricultores da vida a comunidades y culturas milenarias que aún hoy pueden verse en el petroglifo de la Picota, en el romanizado Castro de Baroña, en el puente medieval del río Sieira o en las iglesias barrocas de las aldeas de alrededor. La capa moderna de esta sucesión de hitos históricos es casi inexistente, y la contemporánea nunca logra ocultar la antigüedad.

Ahora las barcas ya no las hacen los carpinteros de la ribera, “pero siguen saliendo por la mañana a la alborada10Alborada en gallego es el alba, pero también designa la salida de los barcos que van a faenar de madrugada. y por la tarde al asexo11Asexo en gallego significa acecho, pero también designa la salida de los barcos que van a faenar a la caída de la tarde. -explica Xoan- para traer mediante cerco12Técnica de pesca que consiste en cercar los bancos de peces con una red. o xeito13Arte de pesca que consiste en llevar los peces, sobre todo las sardinas, hasta una red rectangular extendida entre dos trallas, la superior con boyas y la inferior lastrada con plomos. pescado azul como caballas, jureles o sardinas, pulpos atrapados con nasas14Arte de pesca parecida a una cesta o trampa. o erizos de mar recolectados directamente”.

Cuando nos acercamos a Portosín por la tarde, las redeiras15Mujeres que reparan las redes y aparejos de pesca. están trabajando. La pesca de bajura es una ocupación tradicionalmente masculina; pero, como dice Rosa, „sin las redes que arreglamos las atadoras16Sinónimo de redeira., los barcos no saldrían al mar“. Por ello, no se entiende cómo hasta hace poco no tenían casi reconocimiento profesional, como tampoco lo tenían las vendedoras de pescado o las que trabajan en las conserveras. “Es un trabajo muy esclavo, por eso la gente joven se va”, se queja Manuela.

La pesca sigue el ritmo del mar y siempre depende de su estado, pero aún más el marisqueo que se realiza en función de las mareas. Se pueden ver hombres en el Lombo17Lugar específico de la zona de Testal en la ría de Muros–Noia donde se marisquea sobre todo berberecho, para ello hay que trabajar inclinado doblando el lomo (lombo en gallego). de Noia, pero la mayoría son mujeres que recogen berberechos o almejas. Más al norte, en Corme, también van al percebe del Roncudo, donde casi todas las piedras tienen nombre. La talasonímia18Disciplina que estudia los nombres de la ribera del mar que en el caso gallego son muy específicos para poder orientarse y para localizar concretamente los lugares donde potencialmente hay pescado o marisco. de Galicia, tanto en las rías como en mar abierto, es más eficaz que un GPS.

Al atardecer llegamos al Son. Las casas de piedra están pegadas unas a otras19Juego de palabras intraducible. Las casas, como las plantas de maíz, pueden estar muy juntas (mestas), pero el castellano no permite incorporar otro significado de la palabra “mesta” asociado al mar porque en gallego denomina un cordel que une las piezas de las redes de algunas artes de pesca., las calles son estrechas y todas conducen al puerto. A pesar de algunas excepciones fuera de escala, las construcciones de la población son pequeñas y particulares, como pequeños y concretos son los nombres de cada rincón de la costa y cada lugar de pesca. Las villas marineras que aún se conservan se adaptan al terreno de forma específica, como Porto do Son que “clavadito llega al mar apretadito20De nuevo, juego de palabras difícilmente traducible porque hace referencia al cordel que une las piezas de las redes y a la proximidad de las casas y las plantas de maíz. Los granos también están muy juntos y apretados en las mazorcas. como el maíz”, concluye María.

Manuel Olveira naceu en Xuño, unha aldea do concello de Porto do Son, a onde volve acotío por mor de coidar a seus pais, malia vivir lonxe debido ó seu traballo no mundo da arte contemporánea. Convidado por Antje Schiffers, artista coa que xa traballara dúas veces, para levar a cabo un proxecto na España rural, el propuxo producilo en Porto do Son por entender que o mar adoita olvidarse cando se fala do rural e tamén porque a idiosincrasia do traballo e a cultura da ribeira supón unha aportación específica ao espectro das realidades rurais en Europa.
Da man del coñecemos a ría de Muros-Noia, Porto do Son, Portosín, Corme ou A Coruña, onde pudemos apreciar os traballos dos mariñeiros de baixura, das mariscadoras, das percebeiras, das redeiras ou das que venden o peixe, e unha boa parte da cultura popular que agroma vinculada a esa realidade física e productiva na que conflúen mar e terra. Púxonos en contacto con institucións como o concello, a lonxa, o porto, a confraría, o museo Marea de Porto do Son ou a Fundación Luis Seoane na Coruña, e ademáis con veciños, veciñas, traballadores, axentes culturais e grupos como Anduriña, dirixido por Vicente Colomer, ou Suevia, baixo a batuta de PePe Romero. Con eles e elas, e coa manchea de información e ideas proporcionada por Olveira, Antje Shiffers, Katalin Erdödi e Tono Mejuto argallan unha proposta para este lugar concreto que Olveira presenta a través do seguinte texto no que ficciona unha viaxe e unha conversa sobre diferentes aspectos xeográficos, históricos, antropolóxicos e culturais:

LUGAR ONDE O MILLO CHEGA Ó MAR

É pola mañán. A luz baixa oblicua dende a suave serra a contraluz. Barbanza escorrega cara ó mar. Del chegará luz horizontal pola tardiña, alumeando as penas cárdenas da serra inzada de vexetación. Na primavera é amarela pola xesta, no outono violeta pola queiruga. Agora, en xuño, o monte Iroite é verde polos toxos, carballos, silvas e piñeiros que medran polas ladeiras onde pastan bestas e vacas bravas.

Baixamos polo medio dunha agra. As pequenas leiras adáptanse ó chan e cúrvanse cara ó mar, refulxindo alí abaixo moi perto. María exclama “lugar onde o millo chega ó mar”. A humidade acompaña a suavidade da terra e do clima e por iso o millo medra mesto perto da praia. “Velaí a cultura da ribeira”, di Sofía. A terra e a area trabállanse co mesmo sacho, no mar péscase con redes que levan boias de cortizo das sobreiras de Baroña. Hai familias mariñeiras e labregas, pero todas teñen horta e pequenas leiras e pescan e marisquean cando é o tempo. “É así como ten sentido a subsistencia na ribeira”, sinala Xabier.

Aquí todo ven do mar e vaise por el, como ben saben os emigrantes. “O millo e a pataca chegaron do outro lado do Atlántico aló polo 1.600 para alimentar esta terra”, precisa Rogelio. “Aquí dase de todo, dende a camelia de China e Xapón ate o eucalipto de Australia -bromea Manoel- e todo ven de moi lonxe”. O minifundio mesturado de pescadores e labregos dalle vida a comunidades e culturas milenarias que aínda se poden ver hoxe no petroglifo da Picota, no romanizado Castro de Baroña, na ponte medieval do rio Sieira ou nas igrexas barrocas das aldeas de toda a contorna. A capa moderna desta sucesión de fitos históricos é case inexistente, e a contemporánea nunca chega a agochar a antigüidade.

Agora os barcos xa non están feitos polos carpinteiros de ribeira, “pero continuan a sair pola mañán á alborada e pola tarde ó asexo -precisa Xoan- para traer mediante cerco ou xeito peixe azul como xardas, xureles ou sardiñas, pulpos atrapados con nasas ou ourizos de mar collidos directamente”.

Cando nos achegamos pola tarde a Portosín, as redeiras están a traballar. A pesca de baixura é un oficio tradicionalmente masculino; pero, como di Rosa, “sen as redes que arreglamos as atadoras, os barcos non sairían ó mar”. Por iso, non se entende como ate fai ben pouco elas case non tiñan recoñecemento profesional, como tampouco o tiñan as pescantinas ou as da conserva. “É un traballo moi esclavo, por iso a xente moza abandona”, queixase Manuela.

A pesca segue o ritmo do mar e depende sempre do seu estado, pero aínda máis o marisqueo que vai coas mareas. Pódense ver homes no Lombo de Noia, pero a maioría son mulleres que andan ó berberecho ou á ameixa. Máis ó norte, en Corme, van tamén ó percebe no Roncudo, onde case cada pedra ten un nome. A talasonímia de Galicia, tanto nas rías como no mar aberto, é máis efectiva que un GPS.

Ao solpor chegamos ó Son. As casas de pedra están mestas, as rúas son estreitas e todas levan ó porto. Malia algunha excepción fora de escala, as construccións da poboación son pequenas e particulares, como pequenos e concretos son os nomes de cada recuncho da beiramar e de cada posta para pescar. As vilas mariñeiras que aínda quedan adáptanse ó terreno dunha maneira específica, como Porto do Son que “clavadiño chega ó mar mestiño como o millo”, remata María.